Emprendimiento social como motor de cambio

El emprendimiento social, de forma sistémica, puede resolver los problemas del mundo

El porcentaje de personas viviendo en situación de pobreza extrema en Latinoamérica se ha reducido significativamente en las últimas décadas. Sin embargo, todavía 6,5 millones de niños, niñas y adolescentes en América Latina no pueden acceder a educación, 2.100 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable, y el 64% de los jóvenes latinoamericanos viven en situación de pobreza.

Aunque las cifras a veces se quedan cortas al expresar las dimensiones de los problemas, detrás de estos porcentajes siempre hay personas como María, que, además de los escasos recursos económicos con los que cuenta, tiene una enfermedad crónica que le dificulta el acceso al trabajo formal. María tiene tres hijos, y nunca aprendió a leer ni a escribir, por lo que sus posibilidades de mejorar su calidad de vida y la de su familia son escasa. Al mismo tiempo, las variables que influyen en su situación son múltiples y heterogéneas, lo que hace que su problema no pueda ser resuelto por una única medida. Lamentablemente para muchos, sus problemas se verán reducidos a una cifra.   

En Latinoamérica hay muchas personas como María, por esto, estamos muy cerca de diversas problemáticas, pero también lo estamos de sus soluciones, las cuales sólo son reales cuando están sustentadas en la integral comprensión de los problemas, y sobre todo, cuando se generan cambios sistémicos para resolverlos. El emprendimiento social precisamente, es una apuesta por generar ese cambio sistémico que permita resolver las problemáticas más profundas desde su raíz. Decimos que es un cambio sistémico porque logra crear estructuras sociales y económicas más justas de manera sostenible en el tiempo a través de empresas sociales que mientras dan solución a un problema, (como la falta de acceso a agua potable por ejemplo)  a su vez, generan ganancias, y como cualquier otra empresa, empleo.

El emprendimiento social es capaz de resolver los problemas de manera diferente, creativa e innovadora, incluso ha logrado identificar enfermedades como la malaria a través de un videojuego, y producir agua del aire; haciéndose cargo de las problemáticas de manera más eficiente que algunas Instituciones, porque se constituye como una forma de distribuir y descentralizar la red de soluciones y solucionadores de problemas, es decir, nos permite ver que como individuos y organizaciones podemos ser parte de la solución, para no dejar en manos de Gobiernos locales, la responsabilidad de resolverlo todo.

Así es como Agruppa, una startup colombiana se encarga de reunir la demanda de frutas y verduras de los tenderos en Bogotá, entregando precios más económicos, productos más frescos y de mayor calidad; dando acceso a familias de escasos recursos, a una alimentación más nutritiva; Papinotas, en Chile, se enfoca en mejorar el desarrollo escolar de los niños a través del involucramiento positivo de sus padres en el proceso educativo; e Inclúyeme, un portal de empleo Web nacido en Argentina, conecta a personas con discapacidad a oportunidades de empleo en Latinoamérica.

Estas startups, de un total de 574 hoy apoyadas por Socialab, han encontrado la forma de dar solución a problemas reales, sustentadas en modelos de negocio que les permiten seguir creciendo y generar un mayor impacto a lo largo del tiempo, pero sobre todo, resolver cada vez más y mejor los problemas de desnutrición, educación, e inclusión en el trabajo. Es así como el emprendimiento social utiliza la fuerza de los negocios para solucionar problemáticas sociales, apostándole a una solución a largo plazo que “hackea” la lógica del sistema actual y asegura una mejora continua y creciente de los problemas.

Pero para que todo esto siga ocurriendo y se potencie, es necesario focalizar el talento, la tecnología y la creatividad ya existentes en el mundo, en la generación de soluciones a problemas reales, y por problemas reales nos referimos a aquellas situaciones que afectan a personas, comunidades o regiones, impidiendo su desarrollo socio emocional. También es indispensable que las mismas empresas se preocupen por integrar este tipo de soluciones a sus negocios, y más relevante aún, que modifiquen sus prácticas para convertirse en las empresas que el mundo y la sociedad necesita, y que ahora, (afortunadamente) exige.

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