Innovación – ¿Para quién innovamos?

Les compartimos un extracto de la columna “Releer la Innovación”  de Gabriel Mª Otalora, que fue publicada en www.deia.com.

El Manual de Frascati, definió la innovación como “la transformación de una idea en un producto vendible, nuevo o mejorado o en un nuevo método de servicio social”. Luego se comenzó a utilizar el acrónimo “I+D+i”: investigación, desarrollo e innovación, pero poco a poco fue perdiendo valor, ya que, actualmente la innovación no va más de la mano del desarrollo, a no ser por los avances en la medicina, las telecomunicaciones, o en el abaratamiento de productos básicos que solucionen problemas primarios de la comunidad.

Pero, ¿por qué la innovación ya no implica el desarrollo? El problema radica en que las innovaciones que surgen día a día traman solucionar preocupaciones de una minoría de la población, por ejemplo, nuevos modelos de celulares o de coches de alta gama. Sus objetivos no se centran en mejorar la calidad de vida de toda la población mundial. No hay desarrollo sostenible global con un nuevo modelo de celular si mientras tanto hay millones de personas que no tienen como alimentarse. Solucionar los problemas de la gente con menos recursos no parece estar dentro de los planes de innovación mundial.

Según el Índice Mundial de Innovación, las economías con pocos recursos tienen problemas para alinearse a las economías que progresan constantemente en cuanto a innovación, incluso aunque logren significativos avances. Esto genera la desigualdad de oportunidades y por sobre todo, la fuga de cerebros hacia países con más desarrollo. Estas personas no ven un futuro en donde pertenecen y salen a probar éxito a los países con mejor posición. De esta forma, esas economías no solo siguen estancadas en materia de innovación, si no que pierden a los talentos que les podían dar esperanzas.

¿Para quién hay que innovar entonces? Para la mayoría, pues de nada nos sirve al 20% avanzar materialmente mientras nos deshumanizamos con el sufrimiento del otro 80%. La innovación no será lo que nos salvará, sino la forma en la que la usamos. Y esto es algo que ya todo el mundo sabe, pero seguimos con la ambición de poseer el teléfono más avanzado o descubrir vida en Marte, mientras que podríamos utilizar esos recursos para lograr resumir la esclavitud infantil, el hambre, las guerras.

Día a día surgen nuevos e innovadores avances que poco tienen que ver con cubrir las necesidades básicas de la población mundial, ¿de qué tipo de desarrollo hablamos entonces? Claro que podemos destinar los recursos a seguir el ritmo de los países más innovadores en cuanto a mejora de calidades de productos y servicios básicos, pero en la medida que esta carrera tenga la gama de objetivos tan acotada y egoísta, no llegaremos jamás a que la palabra desarrollo tenga valor significativo.

Es hora de cambiar la estrategia de innovación en cada rincón del planeta y lograr avances que lleguen a cada una de las personas, pues sólo de esta forma, la palabra desarrollo cobrará sentido.

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